Contexto
San Salvador enfrenta un aumento en las temperaturas extremas que se intensificará con el cambio climático, afectando la salud y el bienestar de la población. Las soluciones convencionales, como el aire acondicionado, implican altos costos operativos, elevado consumo energético y contribuyen al calentamiento urbano al liberar calor al entorno, lo que limita su sostenibilidad a largo plazo. En este contexto, surge la necesidad de alternativas eficientes y ambientalmente sostenibles para el confort térmico en entornos urbanos densos.
Estrategia
La OPAMSS, junto con la Universidad Don Bosco, a través de sus institutos de investigación en energía y electrónica, y con el apoyo de Cities Lab del BID, implementó un piloto de climatización geotérmica en una escuela. El sistema, conocido como “pozo canadiense o provenzal”, utiliza tuberías enterradas entre tres y cinco metros de profundidad para aprovechar la temperatura estable del subsuelo y funcionar como intercambiador de calor natural.
El prototipo se instaló en un aula de educación básica del Complejo Educativo Católico El Carmelo, beneficiando directamente a estudiantes en un entorno real de aprendizaje. El proyecto evaluó la capacidad de esta tecnología para reducir la temperatura interior, así como su viabilidad técnica y económica en edificaciones existentes y nuevas. De manera complementaria, se incorporaron recursos educativos y el proyecto se utilizó como caso de estudio para fomentar el aprendizaje en sostenibilidad, ingeniería y ciencias ambientales.
Resultados
El sistema geotérmico mejoró la sensación térmica en el aula intervenida en comparación con una sin intervención, demostrando su efectividad como solución pasiva de climatización. En términos económicos, aunque los costos iniciales son elevados, en edificaciones existentes el sistema resulta más económico que el aire acondicionado a partir del año 15, y en nuevas construcciones desde el año 8. Estos resultados evidencian beneficios a mediano y largo plazo, particularmente cuando la geotermia se integra desde la etapa de diseño.
Adicionalmente, el piloto mostró un impacto positivo más allá del confort térmico, al contribuir a la formación práctica de estudiantes y al posicionar la innovación tecnológica como herramienta para abordar desafíos urbanos y ambientales.